Pasó la lluvia;
inmóvil la hojarasca
en las veredas.

12 Comments:

AMBAR said...

Tu haiku es precio, pero me temo la lluvia no pasó, sigue y nuestro mayo es ventoso y llivioso, nada queda quieto en la vereda, es hermoso leerlos, pero hacerlos...
Un abrazo
Ambar.

Juan Carlos Durilén said...

Gracias, Ambar, por dejar tu mirada del mayo primaveral, lluvioso y ventoso, que estáis atravesando.
Por aquí, nuestro otoño es más calmo, alguna lluvia, de vez en cuando. Y cuando ello ocurre se aquietan las hojas que yacen en el piso, como digo en el haiku. Tengo en mi vereda (o acera, si prefieres) un fresno y un tilo, hermosos y ya casi sin hojas...

Agradezco tu compañía, amiga.

Un beso.

unsui said...

La quietd de las hojas lastradas por el agua y la calma que sigue a esa lluvias otoñales.¡ qué bonito!
Un abrazo
j

Juan Carlos Durilén said...

Gracias, "j".
Tu comentario oportuno (como es habitual) refuerza la imagen del haiku.
Esta mañana salí a caminar, como todas las mañanas, y tuve de nuevo aquella misma sensación que describí en un haiku que apareció el año pasado:

Lluvia de otoño.
Las hojas ya no crujen
bajo los pies.

Un abrazo, amigo.

Xaro La said...

Tan real el haiku.
Las hojas quietas, inmóviles después de ser arrastradas por la lluvia, hasta se puede oler ese maravilloso olor de tierra mojada después de la lluvia.

Me gusta mucho tu haiku, tiene algo que hace que no te quedes sólo con las hojas en las veredas.

Un abrazo JC

Juan Carlos Durilén said...

Me alegra, Xaro, que te guste este haiku. Muchas gracias.
Y si para ti tiene un poder evocador que va más allá de lo que describe, pues mucho mejor.
Eso es lo que procuramos quienes hacemos del haiku una apertura, una propuesta que va más allá del simple testimonio.
Tú lo sabes.

Un abrazo, amiga.

Leti Sicilia said...

La quietud de las hojas mojadas, el aroma que deja la lluvia... cuántas sensaciones en tres versos. Gracias amigo por regalarnos una vez más un trocito de vida.

Besos.

Juan Carlos Durilén said...

Muchas gracias, Leti.
Como siempre, tu compañía es tan grata como tu palabra.
Un placer compartir estas sensaciones otoñales.

Un beso.

Alberasan said...

Y el agua acalló la voz de las pisadas. La vereda se ha vuelto esponjosa bajo la desnudez de los seres arbóreos llenando el alma del lector de una otoñal quietud…
Un fuerte abrazo Juan Carlos, gracias por compartir tus paseos

Juan Carlos Durilén said...

¡Qué alegría ver tus pisadas por estas veredas, Alberasan!
Gracias por tu grata visita y por tu hermoso comentario, amigo.
Cosas del otoño. Así como el viento arrebata y se lleva las hojas, así la lluvia las aquieta y las adhiere. Y es cierto, se acallan las pisadas, como tú dices.

Espero que tu salud haya mejorado, amigo.
Otra vez, gracias.

Un fuerte abrazo.

Gloriab said...

Alfombra inmóvil de hojas, buena cosecha de tus caminatas, te felicito !!!! Y gracias, por compartir. Un abrazo.

Juan Carlos Durilén said...

Muchas gracias, querida Gloria.
Siempre tan amables tus comentarios.
Da gusto así compartir estos momentos. No es difícil. El otoño se ofrece generoso a cada paso. Me limito a copiar, transformar en palabra lo que ya es.

Un beso, amiga.